La dehesa del Valle de los Pedroches adolece de varios problemas y enfermedades que han desembocado en la pérdida de un gran número de pies de encina. Las causas son varias, y hay algunas maneras de luchar contra ellas. En el periodo estival el propietario o el gestor de un encinar puede realizar varios trabajos para mitigar la pérdida de individuos.
Cuando los pies de encina que tenemos son de edad avanzada y las podas del pasado han dado lugar a pudriciones, será común encontrar ejemplares gajados por el viento o simplemente por el peso de sus propias ramas. Cuando esto ocurre, encontraremos incluso en un año seco como este, que la encina ha retoñado de la raíz con bastante fuerza.
En este caso debemos de proteger los chirpiales (pies de encina retoñados desde la raíz del pie madre) con algún tipo de malla, en caso de que haya ganadería en el mismo cercado. Más adelante retiraremos los restos del tronco para evitar infecciones a los brotes nuevos. Nos interesa dejar los nuevos pies más vigorosos y los más alejados de los restos del pie seco.
En el momento que se hayan definido los chirpiales que queremos dejar, eliminaremos el resto, pues competirán con los que ayudaremos a desarrollarse mediante la poda de formación como cualquier brinzal (encina nacida de una bellota). No debemos olvidar que el chirpial tiene la edad y genética del individuo del que retoñó y que por lo tanto no lo podemos considerar como un nuevo árbol, como en el caso de una encina proveniente de una bellota.
Sin embargo, podemos conseguir que un árbol decrépito se renueve dándole unas décadas más de vida ( el chirpial no llega a vivir cientos de años como el brinzal ) consiguiendo así luchar contra la erosión y producir leña, ya que el chirpial no suele fructificar.
En definitiva, cuando entre nuestra arboleda hay problemas de desgaje y pudrición, actuar con un renuevo de tipo vegetativo mediante chirpiales es una opción interesante.
Francisco Ángel Cobos Bautista
Ingeniero Agrónomo
francobosbautista@hotmail.com